
Cada tercer domingo de junio, los hogares ecuatorianos se reúnen para rendir homenaje a los padres, consolidándose como un pilar del calendario social, comercial y tradicional del país. No obstante, a diferencia del Día de la Madre cargado de antiguos simbolismos místicos, la instauración de esta festividad requirió una prolongada lucha civil que se gestó a principios del siglo XX. Te contamos su apasionante origen. La génesis recae en Sonora Smart Dodd, una estadounidense de Arkansas.
En 1909, mientras asistía a un oficio religioso, intuyó que el rol paterno era ignorado. Conmovida por su padre, un veterano viudo que educó solo a seis hijos, propuso homenajearlos el 5 de junio. La primera celebración fue en 1910 en Washington, aunque la idea tardaría en globalizarse. La oficialización enfrentó resistencias en el Congreso de EE. UU., donde primaba el temor a que se convirtiera en un reclamo comercial. No obstante, el respaldo ejecutivo fue clave:
Calvin Coolidge (1924) abogó por «estrechar lazos filiales»; Lyndon B. Johnson (1966) firmó la primera proclamación; y Richard Nixon (1972) la declaró feriado permanente, sentando la pauta para Occidente. Ecuador adoptó esta misma fecha, como la mayoría de Latinoamérica. Hoy, la jornada ha trascendido el regalo material. En las redes sociales, la efeméride impulsa un diálogo sobre las nuevas paternidades.



