
Para quienes crecieron con su madre y hoy ya no la tienen, el segundo domingo de mayo no es una celebración. Es una fecha que amplifica la ausencia, reactiva el duelo y obliga a confrontar una pérdida que nos ha marcado. Regalos y flores dominan el Día de la Madre. Pero existe otra cara: la de quienes cargan el peso de una silla vacía. Esa realidad, aunque silenciosa, merece espacio.
¿POR QUÉ REACTIVA EL DUELO? La psicóloga María Alejandra Cedeño explica que las fechas conmemorativas actúan como detonantes emocionales. No crean el dolor, lo amplifican. La intensidad depende de qué tan reciente fue la pérdida, las circunstancias y la edad que se tenía. LEGADO EMOCIONAL Más allá de anécdotas, la figura materna transmite mensajes sobre si nuestra voz importa. Cuando una madre valida a sus hijos desde temprana edad, ese respaldo se convierte en un activo de salud mental que persiste después de su partida.
¿CUÁNDO PEDIR AYUDA? Un duelo se vuelve disfuncional si hay señales de alerta: consumo de sustancias, atracones, abandono del trabajo o estudio. Según el DSM-5, si el estado se prolonga más de un año sin avanzar hacia la aceptación, puede requerir atención clínica. HERRAMIENTAS CONCRETAS La “caja de los recuerdos” ayuda a reorganizar emociones: un espacio físico con objetos, olores o lugares que traigan a mamá presente de forma deliberada, no paralizante. Honrarla desde la gratitud (no desde la culpa o deuda) marca la diferencia.
QUÉ HACER ESTE DÍA Reconocer en qué punto del duelo se está. Reunirse a contar anécdotas, visitar su lugar favorito o simplemente permitirse sentir la tristeza son formas válidas. Las redes de apoyo son el sostén más importante.



