SINOHYDRO QUEDÓ CHICO

El giro que dio Lenín Moreno a la historia política del Ecuador ha sido digno de reconocimiento internacional. El quiebre con el expresidente Rafael Correa se evidenció cuando Moreno asumió la Presidencia. Mientras el primero dijo que la mesa estaba servida, refiriéndose a una bonanza económica inexistente, en julio de 2017 Moreno dijo que no era así. “No hay tal mesa servida. Una cosa es lo que se dice y otra es lo que se da”, dijo Moreno entonces. Esto decepcionó al correísmo, que sostenía el discurso de su líder. Su postura no terminó allí. Dijo que con su llegada, en Ecuador ya se respiraban “aires de libertad”. Ese fue el inicio del fin de su relación con la extinta Alianza PAIS. La fractura se hizo total cuando Moreno llamó a una consulta popular, en 2018, con siete preguntas para cambiar la Constitución y elegir a nuevas autoridades de control con un Consejo de Participación Transitorio. Ganó el sí en todas. Desde entonces, el país cambió su rumbo para salir del autoritarismo, un camino que todavía se recorre. El correísmo lo acusa de traición , pero es innegable que Moreno dejó una huella en la historia democrática del Ecuador. Más allá del caso penal por el que regresó al Ecuador (el proceso sobre Sinohydro), el golpe de timón que dio en la Presidencia marcó para siempre a la política ecuatoriana; incluso si fuera condenado. Hay personas que todavía le agradecen por haber roto relaciones con Rafael Correa. Sin él y su decisión, el Ecuador sería distinto.

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