LA POLÍTICA COMO VOCACIÓN

Abg. Ramiro Rivera Molina titulo

Político ecuatoriano que ocupó la vicepresidencia del Congreso Nacional entre 2003 y 2005 Profesor universitario en Universidad de las América Presidente del Grupo @elcomerciocom

Es el título de una disertación de Max Weber (1864-1920) en la universidad de Munich hace ciento siete años (1919). Weber estudio derecho, economía, historia, filosofía y teología. Lo hizo en las universidades de Heidelberg, Estrasburgo, Berlín y Cotinga. Este gigante de las ciencias sociales contribuyó a desarrollar la sociología como una disciplina académica autónoma, al igual que Émile Durkheim. El aporte de Weber es enorme. Basta recordar sus libros más destacados: Economía y Sociedad, Ética protestante y el espíritu del capitalismo, Sobre la teoría de las ciencias sociales, Ensayos sobre la metodología sociológica, Ensayos sobre la sociología contemporánea, El político y el científico. En la conferencia del intelectual alemán, se refiere al concepto de la política, entendida como la aspiración a participar en el poder o influir en la distribución del poder: «quien hace política aspira al poder», dice. Ya sea como medio para fines superiores, o «el poder por el poder», para gozar del prestigio o las prebendas que confiere. En términos weberianos: las «satisfacciones de la vanidad». Asimismo, habla de los profetas y demagogos o del caudillaje que «ha surgido en todos los lugares y épocas». Para Max Weber, hay políticos ocasionales, que son los ciudadanos que sufragan, apoyan, aplauden, se desencantan o protestan. Políticos semiprofesionales, son delegados, funcionarios, que realizan actividades que se derivan del poder político. Y hay, políticos profesionales que hacen de la política su profesión, y viven, unos «de» la política y otros «para» la política. Con profundo conocimiento de la conducta humana nos recuerda: «Todo hombre serio que vive para algo vive también de ese algo».  

Quienes viven «de» la política, nos dice Weber, hacen de ella una fuente duradera de ingresos. No hacen esfuerzo por un patrimonio, que no sea lo que viene por réditos, o dividendos de la política, combinada con la corrupción. Anónimos personajes, que desde la nada, se encaraman en la representación y se vuelven potentados, respetados y con prestigio social. Son aquellos que lucran de la política y del poder. El poder es la puerta giratoria que les permite pasar de la notoria carencia a la manifiesta opulencia. Y los que mandan en sus partidos, se transforman en «cazadores de cargos».«Toda lucha entre partidos persigue no solo un fin objetivo sino también, y ante todo, el control de la distribución de los cargos», apunta. Es al jefe del partido al que sus parlamentarios deben guardar fidelidad y sumisión, acentúa Weber; quien habla también de la pasión ardiente, la causa, y de la mesura frialdad. Subraya diciendo: «La política se hace con la cabeza y no con otras partes del cuerpo o del alma». El enemigo al que debe vencer el político es a la vanidad. Y de ella nadie se libra. En fin, necesitamos menos políticos que vivan «de» la política y más políticos que actúen «para» la política. Estos últimos, no perderán de vista el servicio, las satisfacciones y el anhelo del bien común. Weber hablará también de la ética de la convicción y de la ética de la responsabilidad. A la política le hace falta estas dos clases de ética, para que recupere sentido, perspectiva, contenido y legitimidad. Pero la política se ha empobrecido. Es menor su incidencia de intermediación. Mientras más vivan «de» la política, ésta estará mas alejada de los valores superiores de la misma.

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