BACHES Y PROMESAS ROTAS
Las carreteras son la columna vertebral del desarrollo, pero en el país siguen siendo el reflejo de la improvisación y el abandono. No basta con que estén “transitables”: deben ofrecer condiciones óptimas, con anchuras adecuadas que eviten cuellos de botella y garanticen fluidez. Hoy, en cambio, persisten tramos estrechos, deteriorados y peligrosos que frenan la productividad y encarecen la vida de los ciudadanos. Una política vial reactiva y sin planificación Resulta inaceptable que en pleno siglo XXI el país continúe soportando cierres viales cada temporada lluviosa por deslizamientos y hundimientos. Esto evidencia una política reactiva, basada en parches y reparaciones temporales, en lugar de soluciones estructurales y planificación de largo plazo. La conexión entre Quito y Guayaquil, eje clave de la economía nacional, sigue siendo lenta e ineficiente, cuando la tecnología moderna permitiría reducir tiempos y riesgos. La decisión política que aún falta Lo que falta no es diagnóstico, sino decisión política. Una decisión que priorice la inversión transparente, el mantenimiento permanente de lo existente y la construcción de nuevas rutas que integren regiones. Esto incluye, sin excepción, las vías de tercer orden y los caminos vecinales, históricamente relegados.



