Estero salado de Guayaquil: Mil toneladas de basura al mes y avistamiento de un lobo marino

El ecosistema, clave para Guayaquil, sigue bajo presión pese a inversiones y proyectos de recuperación.

El avistamiento de un lobo marino en un ramal del Estero Salado sorprendió a Guayaquil. El mamífero, aparentemente joven, fue captado mientras jugaba cerca de uno de los puentes de la vía Perimetral, en el sur de la urbe. La escena inusual rápidamente se volvió tema de conversación. Sin embargo, más allá de lo anecdótico, el hecho vuelve a poner sobre la mesa un problema de fondo: el estado ambiental de este ecosistema.

El Estero Salado es un sistema natural compuesto por 18 ramales que se extienden a lo largo de aproximadamente 60 kilómetros y que forma parte de una zona protegida clave para la ciudad. A pesar de su importancia ecológica, su deterioro ha sido progresivo durante años. Un estudio de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), realizado en 2025, detectó niveles preocupantes de metales pesados como arsénico, cadmio, plomo y mercurio en los sedimentos de uno de sus ramales.

Este cuerpo hídrico ha soportado por décadas descargas directas de aguas residuales y la disposición inadecuada de basura. Aunque su conservación recae en gran medida en la Alcaldía de Guayaquil, el Estero Salado es un área protegida, por lo que el Gobierno Nacional también tiene competencias en su preservación. La magnitud del problema sigue siendo considerable: cada mes se retiran alrededor de mil toneladas de desechos del estero. Entre los residuos recolectados hay desde plásticos hasta objetos voluminosos como colchones, según explicó Isabel Tamariz, directora de Ambiente del Municipio de Guayaquil.

Estas labores están a cargo de la empresa Visolit, que opera en más de 500 hectáreas y ejecuta tareas de limpieza desde 2003. El contrato con la compañía concluirá en 2027. De acuerdo con la Alcaldía, solo desde 2023 se han pagado cerca de 23 millones de dólares por la recolección de residuos en el estero y los manglares. Otro componente clave en los esfuerzos de recuperación es el tratamiento de aguas residuales, una tarea que recae en la empresa Interagua y vigila Emapag. Desde la academia se han impulsado iniciativas para revertir el daño ambiental en el Estero Salado.

Una de ellas es liderada por la universidad Ecotec, que desde 2023 ejecuta un proyecto de recuperación en un tramo del estero, a la altura de la avenida Juan Tanca Marengo. El plan consiste en la aplicación de microorganismos en el lodo para mejorar su calidad. De acuerdo con el docente investigador Kelvin Sanoja, tras tres años de intervención, el mal olor ha disminuido y se ha incrementado la presencia de fauna en la zona.  

Pese a estos avances puntuales, especialistas advierten que el avistamiento del lobo marino no debe interpretarse como una señal de recuperación del Estero Salado. El biólogo Nelson Zambrano, exsubsecretario de Gestión Marino-Costera del Ministerio de Ambiente (hoy Ministerio de Ambiente y Energía ), explicó que estos animales pueden desplazarse grandes distancias en busca de alimento. “No es un síntoma de que el Estero Salado se esté recuperando. Los lobos marinos pueden avanzar mucho en busca de alimento.

De Posorja a la Perimetral es realmente cerca. No podemos relacionarlo directamente a una recuperación del estero”, señaló. Zambrano añadió que la ubicación geográfica del sur de Guayaquil, más cercana al Golfo y con múltiples entradas de agua, facilita que especies marinas se desvíen hacia estos canales. En contraste, en el norte los ramales del estero presentan condiciones más estancadas y cauces más angostos, lo que limita este tipo de desplazamientos.

En el Estero Salado también habitan especies como los cocodrilos de la Costa, boas, diversidad de aves, entre otros animales. Los cocodrilos, por ejemplo, pueden ser observados en sectores como Puerto Azul. La recuperación real de este cuerpo hídrico requiere mucho más que hechos aislados. Expertos coinciden en que es necesaria una intervención integral y sostenida, que articule los esfuerzos del Gobierno, el Municipio y la ciudadanía.

Por ahora, la imagen del lobo marino deja abierta una interrogante para la ciudad: qué más se puede hacer para rescatar uno de sus ecosistemas más emblemáticos.

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