
Abg. Ramiro Rivera Molina titulo
Político ecuatoriano que ocupó la vicepresidencia del Congreso Nacional entre 2003 y 2005 Profesor universitario en Universidad de las América Presidente del Grupo @elcomerciocom
Un «Hombre enérgico, audaz y siempre dispuesto a la disputa, se convertía en admiración casi ilimitada», dice sobre Konrad Adenauer, Hans-Peter Schwarz en su libro Adenauer Del Imperio Aleman a la República Federal de Alemania, ahí describe la vida de uno de los padres de la Alemania moderna. Recordemos dos momentos en los que es perseguido por la policía de seguridad y la Gestapo: primero, al ser destituido de alcalde de Colonia (1933) y, segundo, en 1944, encerrado en un campo de concentración. «Es un milagro de Dios que haga sobrevivido», afirma Schwarz. Los actos de Adenauer como alcalde de Colonia, llenos de dignidad, enfurecieron al Führer. Eran agravios que debía pagarlo caro. Destituido de la alcaldía, es acusado por el alcalde interino de filiación nazi, por robo y corrupción. Lo trata de «delincuente de crímenes contra el pueblo», «contra la religión, contra sus subalternos…», llega a decir: «ha perpetrado crímenes contra su familia (…) usted es el acusado, yo soy quien lo acusa y el pueblo es su juez». Adenauer, para el 20 de julio de 1944 estaba en «una de las listas de miembros de la resistencia», describe Schwarz. En las redadas de la Gestapo, retienen a quien ayudaba a la familia de Adenauer. Se sabía que la Policía Secreta del Estado iría por él, con orden de allanamiento y días de escudriñar, cada papel, cada rincón. Luego es llevado a las oficinas de la DS en Bonn, hacia el campo de internación en el predio ferial de Colonia, con 200 prisioneros. Pero Adenauer, «tiene suerte en medio de la desgracia». Un preso veterano del campo de concentración, el comunista Eugen Zander, examina su ficha y sabe que irá a un campo de concentración donde morirá. Para evitar simulan con certificados médicos que está enfermo, con «anemia perniciosa». Es trasladado al hospital Hohenlind, el mismo en el que once años antes fue el refugio para su familia. Pero toma de decisión de huir del hospital, con una orden falsa de un traslado a Berlín. Se esconde alojándose en una pensión con el nombre de Dr. Weber.Su esposa Gussie es detenida y sometida a una fuerte presión y amenazas de encarcelar a toda su familia. Para proteger a sus hijos, ella devela el escondite de su esposo. Arrepentida, confundida y en medio del remordimiento y dolor, ingiere una sobredosis de somníferos y se abre las venas de un brazo. Es encontrada a tiempo y salvada. Después (1948), débil y enferma por el envenenamiento morirá. Adenauer está en la cárcel de Brauweiler. El 2 de octubre el comisionado de la Gestapo le dice: «Hágame un favor, no se suicide. Ello me traería grandes problemas. Además, usted tiene 68 años y de cualquier manera, está al final de su vida». Adenauer sabe que la vida de un preso vale nada. Después, ya como Canciller de la R.F.A. en 1959 confesará: «En la prisión de la Gestapo en la que me encontraba había 67 personas, 27 murieron ahorcadas, un preso fue ejecutado; todos eran alemanes, incluso fueron ahorcados chicos de 16 años…». A sus oídos llegaban los desgarradores gritos de los torturados. Entonces dice: «si existe el diablo, el mal posee verdadero poder». Su hijo, Max Adenauer, un teniente de las fuerzas de defensa, gestiona y se concluye que no hay cargos contra su padre. Hay ataques aéreos del frente y Adenauer es trasladado al sótano y quedó olvidado. Con el sometimiento de Alemania, los americanos ocupan Colonia. Adenauer sobrevive. Será puesto en libertad el 26 de noviembre, exactamente el día de su santo. Terminada la guerra, para las potencias aliadas, Adenauer es la figura que resistió al nazismo y con credibilidad.



