
La presión sobre el campo ecuatoriano se intensifica por un frente inesperado: el precio de los fertilizantes. Detrás del impacto hay una cadena que conecta decisiones comerciales regionales con conflictos geopolíticos. Por el estrecho de Ormuz pasa el 25 % de los fertilizantes globales, y las tensiones entre Israel, Irán y EE.UU. ya encarecen los insumos. Con el petróleo en 99 dólares, la urea sube y las proyecciones apuntan a que podría duplicarse en el segundo semestre. El arroz lo sufre de inmediato. Sembrar una hectárea cuesta hoy 2.300 dólares, pero podría escalar a 2.700. Y aunque el precio mínimo de sustentación es de 36 dólares (grano largo), los productores reciben apenas 25. “Es el peor precio en 30 años”, dice Jorge Suárez, vocero agrícola.
La consecuencia: desincentivo y abandono de cultivos. En el maíz, solo en fertilizantes el gasto por hectárea podría pasar de 600 a 840 dólares, según José Luis García. A ello se suma el alza de combustibles: el diésel subió y la maquinaria se encareció. “La máquina para cosechar un quintal pasó de 1,25 a 2,50 dólares”, detalla Henry Peña, dirigente maicero. Ecuador importa cerca de 250.000 toneladas anuales de urea. La dependencia externa agrava el problema: cualquier volatilidad golpea directo. Los agricultores piden medidas estructurales al Ministerio de Agricultura: desde incentivar la producción nacional de insumos hasta políticas de abastecimiento que anticipen la volatilidad global. Sin ellas, la sostenibilidad del sistema agrícola y la seguridad alimentaria están en riesgo.



