EL PERIODISMO ES LA PRUEBA

El periodismo suele ser citado cuando incomoda. Rara vez aparece en los fundamentos de una decisión de Estado. En el reciente decreto que impone restricciones nocturnas a la movilidad en varias provincias, entre ellas El Oro, el Ejecutivo incluyó reportes periodísticos como parte de la evidencia que sustenta la medida. La disposición limita la circulación durante la noche como parte de la estrategia oficial contra el crimen organizado. Más allá del debate sobre su eficacia, hay un hecho revelador: el Estado acudió al trabajo de las redacciones para documentar una realidad que exige respuestas. Eso confirma algo esencial. El periodismo narra los hechos, pero además deja registro público de lo que ocurre cuando la violencia rompe la rutina de las ciudades y obliga a reaccionar a las instituciones. Ese reconocimiento impone una exigencia. Si la información periodística puede servir como evidencia para decisiones que restringen derechos, su rigor debe ser incuestionable y su independencia, aún más firme. Porque el mismo periodismo citado para justificar una medida extraordinaria es el que debe examinarla: preguntar por sus límites, sus efectos y sus vacíos. En una democracia no hay contradicción en ello. Es la garantía para que el poder, incluso cuando actúa en nombre de la seguridad, permanezca bajo el escrutinio público.

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