LA DIFERENCIA ENTRE AHORRAR Y PERDER DINERO

El abandono del mantenimiento en el país ya no es una omisión técnica: es una irresponsabilidad política compartida por el Gobierno central y los gobiernos locales. Mientras se anuncian obras nuevas y se multiplican los discursos, se descuida lo esencial: conservar lo que ya existe. Sin mantenimiento no hay gestión, hay deterioro garantizado. El mantenimiento es tan importante que su ausencia asegura la destrucción del equipo, del inmueble o del servicio que estos brindan. Cuando no se asignan recursos suficientes en los presupuestos públicos lo que se sacrifica no es un rubro contable, sino la seguridad y la calidad de vida de los ciudadanos. Del cuidado de la cosa pública depende también la atención eficaz del Estado. Carreteras, puentes, puertos, vehículos oficiales, equipos médicos, líneas de transmisión eléctrica, poliductos, acueductos, plantas de tratamiento de aguas servidas, refinerías: la lista de infraestructuras que requieren intervención urgente es extensa y evidente. Sin embargo, el patrón se repite: se inaugura, se fotografía y luego se abandona. La falta de mantenimiento está detrás de incendios evitables, inundaciones recurrentes y cortes constantes de servicios básicos. No es mala suerte, es negligencia.

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