
Nathaly Mayancela es oriunda de Cañar. Tiene 21 años y hace seis migró a Estados Unidos junto a sus padres y dos hermanos, con el único objetivo de salir adelante y mejorar su economía.
Tanto ella como su familia siguen indocumentados. Sabían que no sería fácil arreglar sus papeles, pero jamás imaginaron toparse con un escenario como este. «No podemos distinguir qué carro es del ICE, qué carro es de migración, porque están usando carros normales como los de uno», relata. Hace un mes comenzaron las redadas migratorias en Minnesota y la vida de Nathaly cambió por completo.
Dejó de ir al trabajo, tomó algunas clases de la universidad a distancia; tiene miedo de ser capturada por los agentes federales. “Aquí si no trabajamos, no cubrimos nuestros gastos. Entonces, yo pagaba la luz, el gas, y también ayudaba a mi familia a pagar los gastos”, cuenta Mayancela. Esto ha afectado a la economía de su casa. La única que se arriesga saliendo a trabajar es su mamá.
“Y cuando ella ya sale del trabajo trata de quedarse un poco más de tiempo para que se oscurezca más y tal vez así pueda llegar a casa segura”, asevera. Nathaly cuenta que entre la comunidad de migrantes se ayudan, con iglesias y tiendas donando comida. También hay organizaciones sociales que ayudan a los migrantes que decidieron no salir de sus casas.
Gabriella Ponce, otra migrante ecuatoriana, destaca que esta unión trasciende nacionalidades, involucrando incluso a comunidades somalíes y asiáticas en un esfuerzo conjunto de protección. “No somos criminales, no venimos aquí a robar, no somos malos. Ojalá se vayan ya todos de aquí para que nos devuelvan la paz que nosotros necesitamos”, comentó Mayancela.



