
En una redada en Mineápolis, el comandante de la Patrulla Fronteriza Gregory Bovino, rostro visible de la agresiva campaña antiinmigrante de Trump, lanzó una bomba lacrimógena contra manifestantes. A diferencia de sus agentes encapuchados, actúa al descubierto, defendiendo las operaciones del ICE a pesar de que estas han causado la muerte de dos ciudadanos en Minnesota. El sábado, agentes del ICE mataron a tiros al enfermero Alex Pretti, de 37 años, durante una protesta. Esto ocurrió menos de tres semanas después de que otro agente abatiera a Renee Good el 7 de enero. Bovino defendió la acción: «Buen trabajo por parte de nuestras fuerzas al abatirlo antes de que pudiese» atacar, dijo a CNN, culpando a la víctima por «haberse introducido en esa escena del crimen». Para expertos como Cesar García Hernández, profesor de derecho migratorio, Bovino es el hombre que puede materializar el plan de Trump de deportar a millones, transformando la retórica agresiva en «realidad operativa». Ha dirigido redadas masivas en Los Ángeles y Chicago, usando tácticas de incursión rápida. Encabezó la redada del 7 de enero en Mineápolis, donde un agente mató a Renee Good, madre de tres hijos, mientras huía en su auto. El hecho desató indignación nacional. Bovino también defendió la detención de un niño de cinco años y su padre, afirmando: «Somos expertos tratando con niños». «Ya basta de las órdenes de Washington» en Venezuela, dijo el 25 de enero de 2026 la presidenta encargada Delcy Rodríguez, quien asumió el poder tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos. Antes vicepresidenta, Rodríguez tomó las riendas tras la caída de Maduro en una operación militar estadounidense el 3 de enero. Su gestión avanza bajo la presión del presidente Donald Trump, con quien suscribió acuerdos energéticos y accedió a liberar detenidos políticos. «Que sea la política Su imagen, con un largo abrigo verde oliva de estilo militar, ha generado comparaciones con tropas nazis, como señaló el gobernador de California, Gavin Newsom. Bovino se defiende diciendo que es un uniforme estándar y acusa a los demócratas de alimentar críticas, sugiriendo que retratan a sus agentes «como la Gestapo». Sin embargo, García Hernández sostiene que sus acciones transmiten un mensaje claro y aterrador: «la posición del gobierno de Trump es que no hay espacio para la disidencia en Estados Unidos».



