LAS EXTORSIONES ESTÁN ASFIXIANDO AL PAÍS
La extorsión se ha convertido en una amenaza cotidiana que atraviesa a toda la sociedad, sin distingo de nivel socioeconómico. Sin embargo, las consecuencias son mucho mayores para los pequeños negocios y personas de escasos recursos que no tienen capacidad para pagar sostenidamente las ‘contribuciones’ que exigen los criminales para protegerlos de sus propios actos delictivos. Las vacunas los condenan al cierre o al endeudamiento para poder subsistir. La multiplicación de las quiebras, como efecto dominó, va expandiéndose por todo el territorio, aniquilando poco a poco la economía nacional. Cada local que entra en liquidación arrastra empleos, reduce circulación económica y debilita el tejido productivo. Si bien el Gobierno ha atacado al mal mayor -las operaciones de las narcomafias-, ha dejado de lado este grave problema que es un subproducto de las actividades del crimen organizado. La extorsión es el mecanismo que financia, controla y somete, especialmente en aquellos sectores donde el Estado no logra presencia efectiva. Combatirla requiere inteligencia, protección real a las víctimas y una respuesta institucional que devuelva confianza. Ignorar este frente es permitir que la economía formal siga siendo rehén del delito, agravando la situación actual del país y encaminándolo hacia un futuro aún más caótico.



