DERECHO INTERNACIONAL

El ingreso de tropas de EE.UU. a territorio venezolano para detener a quien fungía como presidente de la República y a su esposa constituye un hecho de extrema gravedad que no debe relativizarse bajo argumentos políticos o de seguridad. Se trata de una acción que vulnera normas básicas del derecho internacional que, en teoría, garantizan la soberanía de los Estados y limitan el uso arbitrario de la fuerza. Que una potencia decida cruzar fronteras para capturar a un mandatario, más allá de las simpatías o rechazos que este genere, sienta un precedente peligroso y desestabilizador. La advertencia del gobierno estadounidense de que podría actuar de la misma manera contra otros mandatarios no es menor. Pero ello no debería escandalizar a países como Colombia, cuya historia también registra la intervención en otra nación, como el ataque a territorio ecuatoriano para llevarse el cadáver de un alto líder guerrillero. El mundo está obligado a reflexionar con seriedad sobre la normativa internacional vigente. Hoy resulta evidente que es, a la vez, insuficiente para defender la democracia y fácilmente violable cuando países deciden desconocerla para actuar por el bien de sus gobiernos o por la lucha contra el crimen organizado internacional. No pueden la soberanía y el bienestar de un país convertirse en una ficción, ni el orden global en la ley del más fuerte.

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