2026: LIBERTAD Y PROSPERIDAD PARA LAS FAMILIAS
Cada nuevo año se tiene la buena costumbre de pedir mejores resultados a las autoridades. Quien manda desde Carondelet o desde cualquier Alcaldía o Prefectura, debe aceptar los pedidos de millones de ecuatorianos que no pierden la esperanza de tener una mejor vida, en un mejor país y más próspero. Y, con todo, solemos olvidar el núcleo de quienes hacen, viven y construyen el Ecuador: las familias. Sus integrantes, que pueden agruparse en distintos tipos de familias, conforman la base real de la sociedad. Brindan el impulso para los esfuerzos diarios que sostienen a sus miembros, pero también a las ciudades y el país. No es exagerado decir que los cimientos del Ecuador son su propia gente. Desde el lugar más íntimo de cada vivienda, la mesa donde desayunan, almuerzan o toman la merienda, se deciden asuntos realmente trascendentales. Sea para la crianza, para el apoyo a distintas generaciones, a los más débiles, para mejorar el futuro, para asumir grandes deudas, elegir gobernantes y para progresar. Por eso, las decisiones, aciertos, mentiras, fallas, de todas las autoridades estatales tienen impacto en la mesa de cada ecuatoriano. El Estado no puede ponerse en contra de las familias y sus decisiones, debe ser un facilitador de las acciones de cada uno de sus miembros. Impuestos, trámites, tasas, deficiente educación, pobre conectividad, la inflación que causa la baja productividad, dificultan la vida de las familias. Este 2026 la familia debe ser una prioridad para todas las autoridades. Esta institución, en cualquiera de sus variantes, debe ser fortalecida, no lastimada. Necesita libertad y prosperidad.



