LA PROMESA DE SEGURIDAD

Escuchar las promesas de un gobierno como el saliente, es como creer en un alcohólico que promete el que será su último trago. La reciente reunión del presidente Guillermo Lasso con la alcaldesa de Manta, Marciana Valdivieso, en el palacio de Carondelet, siguió el tono cordial de la pesadumbre por el asesinato de Agustín Intriago, aunque ninguna acción seria en las investigaciones para aclarar los motivos y los responsables de este execrable crimen.

Si se queda en la impunidad este hecho, tenemos que vivir con una burla siniestra como afrenta para todos. Por más que se hable de legado por sus obras y se prometa el financiamiento para las mismas, cosa que ya es dudosa dependiendo de quienes han quedado muy mal en su credibilidad.

Lo grave de las promesas del gobierno se presenta cuando nos habla de seguridad como un enunciado, les ayudaremos en tareas de seguridad, dicen. Cuanto lo concreto es detener la inseguridad, neutralizarla como no han podido descifrar.

Repetir los estados de excepción con toques de queda, no entrega resultados nuevos, por el contrario, sume a nuestros operadores turísticos especialmente, en una asfixia crónica insuperable y diezma a la ciudad de visitantes. ¿Seguridad desde el gobierno?. Hagamos nuestros propios planes.

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