RECONOCER LOS ERRORES

Es hora de que, con madurez, el Presidente de la República y su binomio electo reconozcan que cometieron un gravísimo error al acordar caminar juntos en una elección que, en ese momento, era improbable que ganaran. Esta equivocación —escandalosa, vergonzosa y denigrante, tanto para el país como para los movimientos políticos que los apoyaron—, debe admitirse y enmendarse. Mientras eso no se haga, continuarán distrayendo la discusión política con pugnas e intrigas que no contribuyen en nada a solucionar la realidad de los ecuatorianos. Cada vez que un funcionario del Ejecutivo habla con la prensa, el tema de la ruptura con la Vicepresidenta se vuelve una pregunta inevitable. La posición del Gobierno y las decisiones personales del Presidente con respecto a la mujer que lo acompañó como fórmula presidencial resultan ya indefendibles. Por ello, las forzadas y obsequiosas declaraciones de voceros y asesores presidenciales al respecto solo empeoran la situación. Dejar que esta situación se prolongue no solo afecta la imagen del régimen, sino que desestabiliza internamente a la propia administración. De persistir el impase, es cuestión de tiempo hasta que, dentro del mismo Gobierno, se perfilen potenciales contrincantes y anhelos electorales. En última instancia, aunque se hayan postulado juntos, la figura del vicepresidente se concibe en Ecuador, en la Constitución y en nuestro orden político, como una subordinada a la del presidente. Remediar la situación requiere aceptar esa realidad —o negociarla—. Ecuador clama por madurez e integridad en la política. Presidente y Vicepresidenta no deben olvidar que se lidera con el ejemplo.

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